Ubicado en una casa ecijana del siglo XVIII. En su centro el típico patio andaluz permite la luz natural tan necesaria para las labores de los artesanos.
Este neurálgico espacio está presidido por el que se erige como el lema del taller y quienes trabajan en el.
Escrito en latín, rememorando el pasado conventual donde se atesoró la tradición del bordado artístico, podemos leer:
“Yo creo más en mi trabajo que en la suerte, porque es más importante ser que parecer. La vida pondrá a cada uno en su sitio, pues el arte es largo y la vida breve.”
Es aquí donde cada día el equipo trabaja como una gran familia dando vida a todos los encargos y proyectos.
Un ambiente cargado de una energía creativa lejos del mundanal ruido para conseguir la calma y precisión necesaria para cada puntada.