En este convento tomó hábito en el año 1752 Mónica Garnica y Córdoba (Cádiz, 1699 Écija, 1772), marquesa de Valdetorres, en quien tuvo su origen según tradición el bizcocho Marroquí. Una auténtica delicia derivada de la receta del “bizcocho a la española” que Juan de la Mata, repostero jefe de la corte de Felipe V y de Fernando VI, publicó en su libro Arte de la repostería, editado en Madrid en 1747. De esta receta tomó la marquesa de Valdetorres, los ingredientes huevo, azúcar y almidón de arroz , pero en la cantidad de los mismos y en el tiempo de batido y cocción introdujo alguna que otra variante. Después, a mediados del siglo XX, el almidón de arroz fue sustituido por el de trigo más asequible en suministro y coste y a partir de 1975 el horno eléctrico reemplazó al de leña, lo que obligó a adaptar la receta.
Desde los inicios de su comercialización, en el siglo XVIII, la nobleza ecijana sintió especial predilección por los bizcochos Marroquíes, contribuyendo a la propagación de tan deliciosas piezas de repostería, al remitirlas como preciados obsequios a familiares y amigos de otras ciudades. Su aquilatado sabor y su peculiar textura, etérea e inolvidable, los convirtieron bien pronto en complemento esencial del buen yantar.
De la creciente fama de estos dulces especiales y de cómo su reputación había trascendido fronteras, nos ofrece un certero testimonio el eminente escritor Juan Valera, quien en su recorrido por las habilidades culinarias y reposteras que concurrían en la protagonista de su célebre novela Juanita la larga, editada por vez primera en 1885, decía textualmente:
“Y no se crea que Juana sabía hacer solo los guisos locales, sino que también había importado y añadido a la cocina indígena no pocos platos forasteros de más o menos remotos países, entre los cuales platos o manjares descollaban los celebérrimos bizcochos de yema, que solo hacían unas monjas de Écija, de cuyo secreto tradicional no se comprende por qué arte o maña prodigiosa ella había sabido apoderarse.”
Efectivamente, la receta de los bizcochos Marroquíes ha sido durante siglos el secreto mejor guardado por la comunidad concepcionista ecijana, que los elaboró hasta que, en octubre de 2014, este convento cerró sus puertas. La prolongada ausencia de nuevas vocaciones y las bajas por fallecimientos hicieron que en ese año solo restara una concepcionista franciscana en el convento de “Las Marroquíes”, la burgalesa sor Pilar de San Antonio, ya enferma, que fue acogida en el monasterio concepcionista de la vecina Osuna, donde falleció en el año 2017.